jueves, 19 de junio de 2014



Los científicos ecuatorianos siguen cada paso del fenómeno de El Niño

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En la pantalla gigante se despliega un mapa con una marea multicolor. El tono rojo, señal de incremento de la temperatura del agua, se concentra hacia el norte de Ecuador. Al pie de nuestras costas domina un amarillo encendido. En el Centro de Monitoreo Oceánico, en la Base Naval Sur de Guayaquil, todas las miradas apuntan al Pacífico, donde se está gestando un probable fenómeno El Niño. En esta sala, la vigilancia es minuto a minuto, las 24 horas del día. El capitán Juan Carlos Proaño, director del Instituto Oceanográfico de la Armada (Inocar), explica que usan desde satélites hasta diminutos robots submarinos para controlar la temperatura y otros parámetros relacionados con el comportamiento de El Niño, caracterizado por el aumento de la temperatura del mar. Los planeadores o gliders, de unos 2 metros de largo, son los equipos más modernos. “Hacen una labor similar a la de un buque -explica Proaño-. Se les programa una ruta, navegan autónoma y ecológicamente hasta 500 m de profundidad y en tres o cuatro horas emiten información en tiempo real”. En abril pasado fueron desplegados cuatro de estos robots submarinos en Galápagos. Los gliders permiten realizar estudios biológicos. Por ejemplo, en el 2013, cuando fueron activados por primera vez, aportaron datos sobre la subcorriente ecuatorial de Cromwell, responsable de la generación de alimento para las especies del archipiélago y que podría sufrir variaciones con un fenómeno de El Niño. Los satélites son otra herramienta para obtener información en tiempo real. El domo, un receptor redondo instalado sobre uno de los edificios del Inocar, captura las imágenes directamente de los satélites NOAA (Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE.UU.), Terra y Aqua. Cada vez que pasan sobre Ecuador se extraen datos de la temperatura superficial del mar, clorofila, carbono orgánico y sólidos suspendidos en la zona ecuatorial.

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